Hipertextual: De gatos y memes a obras de net-art y clips de la NBA

Hipertextual: De gatos y memes a obras de net-art y clips de la NBA

Pero como decíamos, los NFT no han surgido de un día para otro. Su origen hay que buscarlo en unos gatitos. Lanzados en noviembre de 2017, los cryptokitties son representaciones digitales de gatos únicas. Como si fueran una mezcla entre tamagotchis y Pokémon digitales. Desarrollado por Dieter Shirley, el creador del estándar ERC-721, cada gatito es único y tiene un precio que partía desde los 12 dólares hasta los 95.000.

Estos gatitos se reproducen entre ellos y producen nuevas crías, que tienen diferentes atributos y valoraciones en comparación con sus padres. A las pocas semanas de su lanzamiento, los cryptokitties acumularon una base de fans que gastaron 20 millones de dólares para comprarlos, alimentarlos y cuidarlos.

«Un cambio para la creación de contenido en internet»

¿Pero qué hace que alguien deposite este dinero por un gato digital, por muy mono que nos parezca? Mark Cuban, inversor tecnológico y dueño de los Mavericks, ha sido uno de los que más ha comentado el ascenso de los NFT. Para él, se trata «de un cambio generacional que ahora dota de valor a un activo digital al igual que hasta ahora se lo hemos dado a cualquier valor físico que consideramos que es único o distinto».

El analista Chris Dixon también ha escrito en el blog de la inversora Andreessen Horowitz que los NFT tienen potencial para “cambiar la relación de los creadores de contenido digital con sus propias creaciones”. Dixon se refiere a que hasta ahora toda creación de contenido debía ir ligada a una plataforma, como por ejemplo Youtube, que interpone un algoritmo y una monetización sobre esa creación y el público en sí. Y que ahora, un youtuber, pero también un artista digital o un diseñador puede vender su obra directamente a su público de forma mucho más exclusiva gracias a este nuevo concepto.

En los últimas semanas ya se han dado algunos puntos de inflexión importantes que marcan lo que podría pasar en el futuro.

Pero como decíamos, los NFT no han surgido de un día para otro. Su origen hay que buscarlo en unos gatitos. Lanzados en noviembre de 2017, los cryptokitties son representaciones digitales de gatos únicas. Como si fueran una mezcla entre tamagotchis y Pokémon digitales. Desarrollado por Dieter Shirley, el creador del estándar ERC-721, cada gatito es único y tiene un precio que partía desde los 12 dólares hasta los 95.000.

Estos gatitos se reproducen entre ellos y producen nuevas crías, que tienen diferentes atributos y valoraciones en comparación con sus padres. A las pocas semanas de su lanzamiento, los cryptokitties acumularon una base de fans que gastaron 20 millones de dólares para comprarlos, alimentarlos y cuidarlos.

«Un cambio para la creación de contenido en internet»

¿Pero qué hace que alguien deposite este dinero por un gato digital, por muy mono que nos parezca? Mark Cuban, inversor tecnológico y dueño de los Mavericks, ha sido uno de los que más ha comentado el ascenso de los NFT. Para él, se trata «de un cambio generacional que ahora dota de valor a un activo digital al igual que hasta ahora se lo hemos dado a cualquier valor físico que consideramos que es único o distinto».

El analista Chris Dixon también ha escrito en el blog de la inversora Andreessen Horowitz que los NFT tienen potencial para “cambiar la relación de los creadores de contenido digital con sus propias creaciones”. Dixon se refiere a que hasta ahora toda creación de contenido debía ir ligada a una plataforma, como por ejemplo Youtube, que interpone un algoritmo y una monetización sobre esa creación y el público en sí. Y que ahora, un youtuber, pero también un artista digital o un diseñador puede vender su obra directamente a su público de forma mucho más exclusiva gracias a este nuevo concepto.

En los últimas semanas ya se han dado algunos puntos de inflexión importantes que marcan lo que podría pasar en el futuro.

  • El creador del meme Nyan Cat vendió un NFT de esta obra por 300 ethereum. El meme se puede seguir compartiendo, pero el original (con la misma confianza de que lo sea que ahora le damos al artista al igual que se la damos a un vendedor de cromos antiguos), referenciado por el blockchain, ahora está en manos de alguien.
  • Jack Dorsey puso en venta el primer tuit de la historia en una subasta que llegó a superar los 2,5 millones de dólares.
  • Y, por último, el caso de la obra de Beeple que comentábamos al comienzo de este texto.

¿Burbuja o utilidad para bienes también físicos?

Pero no solo hablamos de memes. Un NFT para una botella de vino facilitaría la interacción desde el productor al comprador. Ayudaría así a seguir su procedencia, producción y venta a lo largo de todo el proceso. La consultora Ernst & Young ya ha desarrollado una solución de este tipo para uno de sus clientes.

Los tokens no fungibles también pueden aplicarse para la gestión de la identidad. Pensemos en el caso de los pasaportes físicos que deben producirse en cada punto de entrada y salida. Al convertir los pasaportes individuales en NFT, cada uno con sus propias características de identificación, es posible agilizar los procesos de entrada y salida de los distintos países.

Hay que separar, por lo tanto, la utilidad que puede tener para piezas de coleccionismo digital de bienes únicos que pueden tener su reflejo físico. La primera opción, como el caso de Beeple, soluciona el problema de la ‘firma’ y autenticidad que hasta ahora habían tenido sectores como el net-art o los diseños digitales. La segunda, puede ser una aplicación más del blockchain en términos de trazabilidad, donde puede que se encuentre quizá la verdadera revolución cuando se pase (o no) esta oleada de ventas millonarias de tuits, memes y cryptogatitos.

Fuente: Hipertextual

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